La cuarentena además de este confinamiento o “retiro en casa” como algunos lo llaman para suavizar la situación, nos suma el hecho, de que si alguien conocido o muy cercano a nosotros se enferma, no podemos acompañarlo y si se da el caso de la muerte de uno de nuestros seres queridos, no se nos permite hacer un ritual de despedida, porque con el distanciamiento social no nos podemos ver, ni tocar, ni abrazar.
En muchos países, en estos momentos de cuarentena, si alguien muere el cuerpo se lo llevan y ya está, son medidas sanitarias para evitar que más gente se pueda contagiar. Y si por casualidad te permiten el entierro, el cofre estará cerrado, restringida la velación y solo máximo 10 personas los pueden acompañar guardando los protocolos necesarios ya establecidos.
Muchas personas y familias enteras sufren en estos momentos en soledad la frustración, el dolor intenso y el malestar emocional vinculado no solo a la perdida del ser querido sino al hecho de que esa persona enfermó y no lo pudieron acompañar y si habían asuntos pendientes peor aun, pues se quedaron con la sensación de no haber buscado el momento puntual para subsanar esas diferencias antes del desenlace, por lo que esta triste realidad, los puso frente a la imposibilidad de sentir ese calor humano tan importante en esos momentos de dolor, sin recibir un abrazo que reconforte y llorar juntos para poder integrar ese vacío enorme que se siente por la perdida y el hacerse a la idea de que no se le vera mas.
Estas medidas necesarias de distanciamiento social que experimentamos todos en estos momentos, hacen que ese proceso de adaptación al dolor que produce una perdida y que llamamos duelo, se complique por que no tenemos la posibilidad de hacer el cierre con nuestros seres queridos, al participar de los rituales religiosos o ritos culturales y sociales a los que estamos habituados.
Como seres humanos desde que nacemos hasta la muerte, recorremos un camino único en donde buscamos dar sentido a nuestra vida a través de las realizaciones y de todo aquello que hacemos para dejar un legado a los que vienen atrás. Es propio e inherente a la condición humana la búsqueda del sentido de la vida, de encontrar respuestas a los porqués, de sus aspiraciones.
Entonces, cuando enfrentamos un duelo “normal” nos queda la sensación de vacío y a nuestro mapa mental de lo que había sido nuestro mundo y el sentido de la vida hasta ese momento es como si se le hiciera un gran hoyo por donde todo parece escapar e intentamos llenarlo con los recuerdos, las memorias, y las historias que nos contamos unos y otros sobre la persona que se ha ido. Pero ahora esta sensación de vacío puede percibirse mas grande, porque no podemos llenarla con la presencia de familiares y amigos, ni con la despedida tal como nos hubiera gustado hacerla.
Como no tenemos esa posibilidad debido a la pandemia, lo que nos queda es si aun tenemos tiempo con la persona afectada por el coronavirus u otra enfermedad grave que ha empeorado, es: si es posible esa mirada a través de una video llamada o a través de un audio para que la voz se escuche al otro lado del teléfono, quizás con ayuda del personal de salud que lo atiende que se lo haga saber y poder pedir disculpas o agradecer lo compartido, por eso, es muy importante intentar actuar igual que si no estuviéramos confinados y hacerle sentir que todos estamos juntos aunque estemos separados físicamente. Y que deseamos y anhelamos que supere esa condición y poder volver a reunirnos nuevamente.
Igualmente si sucede lo peor y la persona fallece, tenemos que mantener el contacto con los amigos y familiares a través de estos medios donde podamos expresarnos.
Puesto que el hecho de no poder sentirse contenido físicamente por un abrazo, que en esta situación de duelo es algo muy terapéutico, produce una sensación de desolación interna, un desierto emocional al no compartir el llanto o el abrazo, llevándonos a un duelo en soledad.
Lo importante es poder hablar, que la gente que ha sufrido la perdida se pueda expresar, a través del llanto y que vea a sus familiares y compartan sus sentimientos y emociones. Porque, con la cuarentena y el confinamiento la dimensión social del duelo esta bloqueada, así que cada uno tiene que encontrar su manera de reemplazar esa dimensión social potenciando la individual, que puede ser: escribir una carta, colgar una foto en la pared, repasar álbumes de fotos, encender una vela o realizar alguna ceremonia personal que le puede ir dando sentido a la pérdida. Hacer un acto de despedida con las personas de la casa, hablar con los familiares que están en otras casas, incluir a los niños si los hay, hablándoles de una manera sencilla y que participen con dibujos o cartas para que puedan expresar también sus emociones, preparar para cuando todo se normalice una ceremonia de despedida con la familia. Pues la que esperábamos tener, ahora se tiene que posponer. Y todo esto, puede ser de ayuda en estos duelos patológicos que toca vivir en el contexto de la pandemia.
Al ser menos sociales y no poder compartir, los duelos probablemente se harán mas largos y el hecho de estar en confinamiento puede llevarnos a bloquear este proceso dejándolo incompleto, sin cerrar y podría generar mas adelante síntomas depresivos, somatizaciones, baja energía, perdida de las ganas de vivir, no sentir placer por las cosas, no tener gusto por comer y muchos trastornos del sueño, grandes sentimientos de culpa por lo que se pudo haber hecho y no se hizo, por no haber podido acompañar a la persona en sus últimos momentos y esa gran sensación de vacío interior que nada lo llena y que cada vez se hace mas grande, podemos caer entonces en una gran crisis existencial por la perdida de ese referente o por la alteración de nuestro territorio.
Muchas personas que se encuentran en este proceso como medio de defensa muy humano por supuesto, pueden llegar a querer no pensar en lo que ha sucedido, por que creen que de esa manera van a evadir el dolor que la pérdida le genera y muy probablemente no quieren hablar ni pensar en eso que ocurrió, pero esto, no es tan sano como pensamos, pues evitar los sentimientos dolorosos lo que hace es que sean más dolorosos porque agregamos un esfuerzo mental por querer obviarlos y esto no les quita el dolor. Si no nos hacemos cargo de lo que sentimos muy probablemente esta decisión nos mantendrá entonces en un vaivén de emociones y sentimientos, atrapados en el mismo lugar, sin poder avanzar.
También ante la perdida de un ser querido en estas circunstancias, podemos experimentar pensamientos obsesivos que no son otra cosa que la estrategia biológica de nuestra psique por armar nuevas conexiones neuronales para seguir adelante, miles de pensamientos e ideas estarán en nuestra mente haciendo bocetos de nuevos caminos sobre cómo será la vida ahora sin esa persona que nos ha dejado, de todas esas ideas que nos llegan o pensamientos que van y vienen, alguno ayudará, para que nos pongamos en acción mientras hacemos nuestro duelo, pensando que ese ser querido que nos ha dejado si pudiera decirnos algo muy probablemente sería que siguiéramos adelante con nuestros proyectos de vida.
Esto hará parte de ese camino que debemos recorrer en el duelo pasando simultáneamente por esas etapas de negación, ira, tristeza, negociación y aceptación en cada una de las cuales tendremos que realizar tareas que nos ayudarán a aceptar la realidad de la pérdida, a gestionar las emociones y el dolor que sentimos y a adaptarnos al entorno donde esa persona estará ausente y poder ser capaces de recordarlo sin desestabilizarnos y seguir viviendo. Las tareas del duelo son necesarias para evitar caer en un duelo complicado.
Un abrazo y hasta la próxima.
Consuelo






