La mayoría de nuestros conflictos ocurren en relación con los vínculos que tenemos y muy seguramente se dan con las personas que están mas cerca de nosotros nuestra pareja, padres, hijos, hermanos, compañeros de trabajo etc. Nuestro actuar y el de los demás se basa en las características personales y en la historia individual de cada uno, por eso podemos decir que los conflictos no nos caen del cielo sino que se van dando a lo largo de nuestra vida y vienen en forma de retos a desafiarnos constantemente, y a sacarnos de la zona de confort en donde aparentemente estamos seguros. Pero si reconocemos que detrás de ellos está nuestra biología como una fuerza mayor que actúa para hacernos mas aptos, poder sobrevivir y para que nos pongamos en acción es mucho mas fácil afrontarlos.
Algunos conflictos en nuestras vidas permanecen activos porque hay algo que no nos podemos perdonar, casi siempre relacionado con palabras o hechos precipitados que lastiman o perjudican a alguien y a eso lo llamamos CULPA , un sentimiento inconsciente de auto condenación, que no se trata de tener razón o no en sentido moral o jurídico, sino que se trata de esa percepción muy personal que nos hacemos cuando creemos que hemos hecho algo mal, o cuando son otros quienes nos lo hacen creer, por tanto empiezo a pensar que tengo un error y lo debo corregir, porque nos opera una conciencia moral, normas y valores que hemos construido desde que somos niños y que nos enseña a establecer límites a nuestra conducta y a nuestros pensamientos y dependiendo de qué tan rígidas sean estas normas tendremos ese juez implacable que impondrá el castigo necesario para reivindicarnos, y ese juez somos nosotros mismos.
La culpa no tiene forma, no se vé y aunque la mayoría de personas cree que no siente culpa, o que no lleva culpa encima; si somos honestos y escarbamos un poco en nuestra mente quizás veremos que está incorporada a muchas de nuestras dificultades emocionales, y en muchas ocasiones, no es fácil identificar si es el origen o la consecuencia de eso que nos pasa.
Todos los dias de nuestra vida la culpa se pasea por delante nuestro y muchas veces la vemos como un sistema de pensamiento vicioso del que parece que no puedes escapar. Pues tiene un pensamiento obsesivo y compulsivo que no es fácil de parar. Te habla puntualmente señalándote el error: ¿Cómo he podido yo hacer esto? ¿ Qué clase de persona soy? ¿Cómo me ha podido pasar esto a mí? ¿Qué van a pensar de mí ahora?
Entonces la vida se nos pone de cabeza y empezamos a sufrir el tormento de los sentimientos de culpa cuando ésta no se acepta y se intenta reprimirla y empezamos a vivir acompañados de emociones displacenteras como tristeza, angustia, frustración, impotencia o remordimiento, entre otras, y a tener pensamientos reiterativos e improductivos y empezamos a postergar cosas sin darnos cuenta.
Con frecuencia vemos personas con diferentes perfiles, caracteres, dificultades y contextos, que coinciden en verse afectadas por un sentimiento que les produce un gran malestar y afecta a sus decisiones, relaciones y experiencias.
Por otro lado a veces tambien nos sentimos víctimas pasándonos la culpa de generación en generación y escuchamos en los medios y en los grupos a los que pertenecemos: “La culpa la tiene el gobierno”, “La culpa la tienen los políticos”, “La culpa la tienen los padres”, “La culpa la tienen los profesores”, “ La culpa la tienen los médicos, la suegra, el arbitro”, en definitiva la culpa la tienen los demás. Y así, nos pasamos la vida enfrentando batallas que no llegan a ninguna parte y lo único que hacemos es generarnos un clima de agresividad y violencia, difícil de parar ya que nadie quiere tener la culpa.
Es como una voz que llama desde dentro recordándote ese error que cometiste, las relaciones que tuviste…,lo que hiciste con tus padres…, lo que hiciste con tus hijos…, lo que hiciste con aquella infidelidad…, lo que hiciste al maltratar a aquel…etc.
Este sentimiento de culpa te atormenta, tanto, por lo que crees que has hecho (que tú has percibido como malo), como tambien por cosas que has dejado de hacer. Esa voz insidiosa, llena de culpa, verguenza y de miedo que tiene un efecto devastador en muchas personas y aquellos que han pasado por una separación traumática seguro conocen bien este sentimiento.
Inconscientemente en las relaciones de pareja la culpa esta en muchas conversaciones cotidianas, a veces es muy frecuente, ya que en muchas ocasiones no nos hablamos unos a otros sin culpabilizarnos. Porque estamos acostumbrados a ver a la Culpa por todas partes, si abrimos el periodico la vemos, si encendemos la television ahí seguro que está y en cualquier reunión tampoco está ausente. Está por todas partes sin duda, porque el sistema de pensamiento con el que operamos actualmente está basado en la culpa y el miedo.
Terminamos entonces proyectando la culpa hacia fuera porque es un mecanismo de defensa que nos ayuda a sentirnos mejor al echar culpa sobre los demás, menos culpa cargas tú, complicando así nuestras relaciones familiares o de trabajo y haciendo de la convivencia algo inaguantable, ó como muchas otras personas, prefieren echarse la culpa o aceptar la de otros y terminan integrándola en su interior proyectándola contra sus cuerpos o contra su vida.
Haciendo que nuestro cuerpo acepte lo que la mente le dice lo que muy seguramente llevará a que se mantenga alterada nuestra biología y permanezcamos en programas biologicos con sintomatologias fisicas y emocionales recurrentes y cambios de conducta y comportamiento que se convierten en autenticos sabotajes para permanecer dando vueltas en el mismo sitio sin lograr avanzar ni personal ni laboralmente manteniendonos en un sentimiento de no merecimiento y aumentando nuestra desvalorizacion.
El tema no es nada facil y es muy importante ser conscientes de que el protagonismo lo tenemos nosotros saber que los pensamientos y los juicios son ideas, no son realidades y el grado de flexibilidad y tolerancia hacia los errores que cometemos o podríamos cometer, nuestra capacidad de aceptación, nuestro grado de empatía, son factores que ajustan nuestras interpretaciones y valoraciones y nos ayudan a liberar de la culpa. La clave es la responsabilidad frente al sentimiento de culpa.
Eso significa responsabilizarnos de nuestras acciones, aceptando nuestros límites y las circunstancias que no podamos controlar, aprendiendo de las experiencias y cambiando hacia aquello que es conveniente, para nosotros y para quienes nos rodean. Una conducta responsable, que facilita la acción, genera aprendizaje y está enfocada a la resolución. La responsabilidad es particular, facilita la concreción. Se es responsable de algo concreto y eso facilita la acción mientras que la culpa es general, te globaliza como persona, es inamovible, inmodificable sin posibilidad de cambio por lo tanto te bloquea y te paraliza. Eso significa que responsabilizarnos de nuestras acciones, aceptando nuestros límites y las circunstancias que no podamos controlar, aprendiendo de las experiencias y cambiando hacia aquello que es conveniente para nosotros y para quienes nos rodean. En definitiva nos hace ser más adaptativos.
Un abrazo
Consuelo






